Foto: Imagen del río Ara, mes de mayo, a su paso por Janovas. Sobrarbe Digital.

Homilía de Juan Diego Tamayo, párroco de Boltaña para este domingo.

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo 

22 de junio de 2014

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

— Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban los judíos entre sí:

— ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

— Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

Palabra de Señor 

“No solo de pan vive el hombre”.

De manera voluntaria o por la realidad que vivimos, todos hemos sentido hambre alguna vez, por no decir que en muchos momentos de nuestra vida, ya que esta necesidad básica se presenta de manera natural, pero en algunos momentos se presenta de manera angustiosa y los que podemos alimentarnos en los horarios normales, tenemos días en los que no vemos la hora de la comida, para sentarnos y degustar. Comentario que inmediatamente lleva a pensar en los que no se pueden alimentar de manera normal y que en muchos momentos de su vida tienen que sobrevivir con unas raciones insuficientes y carentes de beneficio para todo lo que el cuerpo humano pide.

El hambre es un indicativo para la abundancia, también para medir la pobreza, y es claro que el ser humano siempre tiende a saciar sus hambres… no quisiéramos pasar necesidad y cuando estamos enamorados de la creación de Dios no quisiéramos ver a ningún hombre pasando necesidad, otra cosa es cuando queremos establecernos como amos del poder, el tener y el placer… el amor por los demás se termina y viene a acompañarnos el soporte que excusa aquello que nosotros queremos vivir el desamor .

Parece irónico que en el domingo del Corpus Christi se nos diga en la primera lectura que “no solo de pan vive el hombre” cuando la humanidad se muere de hambre, cuando a través de esta propuesta como que se quiere que no pensemos en la injusticias que “Dios Permite” al hombre: muchos inocentes muriendo en la guerra, niños y niñas torturados y violados, los ricos cada día con las arcas más llenas y los pobres buscando el alimento en los contenedores que solo pueden tener plásticos y vidrios para reciclar, niños, jóvenes y adultos embebidos en las drogas que las políticas quieren hacer legales o ilegales según la conveniencia y el interés que cree consumidores que no piensen y vivan la esclavitud sin pedir explicaciones, personas que deben, por diversas motivaciones, explotar su cuerpo para acallar los intereses de otras personas viles, de otras necesidades mal creadas por un estilo de vida que depende del pan de cada día y no del amor que debe haber entre todos nosotros.

Si, “no solo de pan vive el hombre”, lastima que el hombre no se de cuenta de ello y prefiere “el pan y el circo” que amar su vida y la de los demás, que darle a Dios lo que le pertenece… ¿cuando será el momento en el que abriendo nuestros ojos, nos dispongamos a la santidad?, porque Dios en ningún momento es injusto, simplemente lo cargamos a Él, de nuestras malas experiencias y vamos por el mundo buscando descubrirlo todo, inventarlo todo, abarcarlo todo sin saber que Solo Dios, puede darnos el conocimiento y la sabiduría que permite la felicidad.

Celebramos la fiesta del Corpus Christi, celebramos la fiesta de la común-unión, salimos a las calles de nuestra comunidad en procesión para decirle a los hombres que Jesús no se queda en el templo, Jesús está en todos los momentos de su vida y que es valido volver a recibir a Jesús en su Eucaristía, es valido comulgar con un corazón limpio…

Es que si nos alimentáramos de lo que realmente Dios nos quiere dar – por encima del alimento material – sabríamos alimentar el mismo universo, por utópico que esto parezca. Ya tenemos una promesa, arriesgarnos significa escuchar esa voz que nos dice:

“– Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.” cuando comulgamos le damos paz al mundo, esperanza a los hombres, hacemos posible nuestra salvación.

Una Feliz semana para todos y todas.

Recuerda: Las donaciones de este domingo, todas, van para Caritas.

AUDIO; Juan Diego Tamayo, sacerdote