Rodrigo Cuevas. Imagen facilitada por la organización.

El Festival Castillo de Aínsa arrancaba con la música tradicional y las historias de las mujeres que mantienen vivo el Sobrarbe.

Las calles, los patios, los jardines y las plazas de la villa recibieron a los visitantes del Festival Castillo de Aínsa este jueves. El Espacio Quebrantahuesos, afincado en una de las torres de la fortaleza del siglo XI, fue el encargado de acoger los cuentos y álbumes sobre naturaleza de la pedagoga Carmen Carramiñana.

Más tarde, Pilar Amorós y Paco Paricio, co-directores de Los Titiriteros de Binéfar, se convertían en los maestros de ceremonia del homenaje a seis mujeres, hasta ayer anónimas, que han luchado por mantener vivos los pueblos y la cultura tradicional de la comarca. Toda una vida de trabajo a sus espaldas que ha tenido su reconocimiento en el escenario del Patio del Museo. Una oportunidad única para que, como dijo Pilar Amorós, “contéis lo que os de la gana contar”.

Y con este consejo, Carmen Arcas de Olsón empezó hablando de cuando era niña y su abuelo, que había pasado más de 5 años desaparecido en la guerra de Cuba por no saber escribir, se aseguró de que “no le faltara escuela, porque el que no sabía de letras estaba perdido”. Las risas del público al escuchar las anécdotas de estas mujeres fueron un continúo de este homenaje, por ejemplo, con la historia de Carmen sobre cómo ayudaba a su padre en la bodega de vino, “acababa borracha casi todos los días porque solo del tufo que tenía…”

Josefa Saint Guitar, conocida por sus vecinos y vecinas como Pepita Buetas o Pepita la francesa, a los seis años, se exilió junto con su familia a Francia escapando de la Guerra Civil. Tras años y años escuchando las historias de Banastón, Aínsa, del Pirineo y del Sobrarbe decidió que la jubilación la pasaría en la comarca que ahora ya es otra vez suya: “Cuando vine aquí (Aínsa) por primera vez creo que conocía ya a todo el mundo”.

Emilia de Buixetar se casó muy jovencita y ahora sobre el escenario y tras más de 50 años cuidando de los burros y los bueyes reconoció que alguna vez se escapaba de la escuela para pasar el día en los montes y que “alguna vez” interceptaban las cartas de la escuela porque en casa “nos iban a gritar” y añadió para el disfrute de un abarrotado público, “no pasó nada pero eso es cosa de críos”.

Esther de la casa L’Albeitar nació en una pequeña aldea de apenas nueve personas y asegura que “a pesar de lo terrible que fue la guerra yo me sentí siempre allí muy bien y muy arropada”. Más tarde pasaría de los Pirineos a la gran ciudad de Barcelona que durante cinco años fue su hogar. Aunque todo el mundo le preguntaba que cómo se iba a volver a la montaña con todas las comodidades que ofrecía la urbe, ella asegura que “nunca me despedí del Sobrarbe”. Paco Paricio también recordó que a pesar de que el negocio de su marido eran las vacas, ella decidió tener cerdos y ahora su familia ya no cuida vacas y como dice Esther “tenemos todos los cerdos que queremos”.

Mari Carmen de La Mata abandonó sus estudios de bachiller para reemplazar a su padre, que tenía problemas del corazón, en el campo. Ella recuerda el gran cambio que supuso en su trabajo el uso de maquinaria porque “ya no teníamos que ir tanto al campo”. Sin embargo, si algo ha hecho famosa a Mari Carmen son las chiretas que cocina con gran amor, “algunos me dicen que cuando haga chiretas que se lo haga saber pero que tampoco puedo de continuo”.

Los vestidos de novia que le pedían a Pilar de Escanilla fueron, sin duda, la gran anécdota de su vida y es que, le encargaron trajes hasta de París. Ella que siempre destacó en las clases de labores, más tarde se dedicaría profesionalmente a la costura y recuerda como bajaba a Zaragoza a las grandes casas de novia para que, como ella dice, “a palmos a palmos fui tomando un poco de nota y luego cuando ya nos fuimos a un bar yo llevaba una cuartilla y un boli e hice el dibujo”. Muy orgullosa cuenta que el día de la boda todo el mundo hablaba del vestido de la novia y que “como se nota que está hecho en una casa de novias”.

Mujeres luchadoras del Sobrarbe. Imagen facilitada por la organización.

Antes y después de estas anécdotas que hicieron reír y emocionarse a un público repleto de familiares, vecinos y vecinas de todos los rincones de la comarca, la compañía de La Chaminera les dedicó una copla que recogía la vida de estas seis mujeres.

Imagen facilitada por la organización.

La noche termino con el espectáculo vanguardista del asturiano Rodrigo Cuevas y su ‘Trópico de Covadonga’. Después de “Electrocuplé” y de “El Mundo por Montera” y con más de cien actuaciones repartidas por algunos de los mejores festivales así como por teatros y auditorios de toda España, conquistó Aínsa con este espectáculo sobre el mundo rural.

‘Trópico de Covadonga Latitud: N43°19’0.01’ es el paralelo que pasa por Covadonga, un trópico inventado que toca Asturias pero que da la vuelta al mundo. Esa es la perspectiva que elije Rodrigo Cuevas para mirar desde un punto alejado de etnocentrismos. Para el artista, la transmisión oral no solo supone compartir conocimientos y arte, también valores, los valores de una comunidad.

Más info en la Web del festival: https://festivalcastillodeainsa.com/