Imagen facilitada por el Ayuntamiento de Aínsa.

Treinta y cinco pequeños productores han sacado a la plaza Mayo de Aínsa sus caldos para maridarlos con aquellos potajes que antaño eran el plato fuerte de la comida tradicional. Col con panceta y bacalao con patata y arroz. Comida de cuchara con vino recién estrenado y compartido con alegría.

En esta edición de 2019 el vino más valorado ha sido el elaborado por Santiago Pueyo Campo, de Araguás quedando en segundo Jaime Solano, de Soto y tercer lugar para Javier Manresa, de Casa Buerba de Aínsa y recibiendo la mención especial José Antonio Cambra, de Abizanda. Alcanzando una participación de más de 600 personas.

Mantener las variedades genéticas de uva de la zona, conservar la cultura de su elaboración y sus matices y  sabores especiales, es el objetivo fundamental de esta fiesta del punchacubas.

Historia
El vino ha tenido una gran importancia en la vida económica y social de Sobrarbe, considerado casi como un alimento, necesario para complementar las escasas dietas de los trabajadores del campo, su elaboración formó parte de la cultura agrícola desde la Edad Media, difundido por los eclesiásticos por su uso imprescindible en la eucaristía, las prácticas vinícolas perduran hasta hoy en un número ya escaso de casas de Sobrarbe.

Antiguamente casi todas las casas de la parte sur de la comarca de Sobrarbe tenían sus viñas y hacían su propio vino. Una vez recolectadas las uvas, pisadas a pie desnudo, prensadas y encubadas se dejaba reposar el caldo durante un tiempo.  De su fermentación cuidada y atendida, según las viejas artes que cada uno sabía, nacía un ser vivo que se llama vino.

Punchar la cuba, degustar el primer vino y compartirlo con los vecinos, esta era la tradición y este es el origen de esta fiesta que lleva 10 años celebrándose en el Sobrarbe, en la plaza Mayor de la villa de Aínsa.