Foto: Comarca de Sobrarbe.

La Comarca de Sobrarbe y el Geoparque Mundial UNESCO Sobrarbe-Pirineos clausuraron con éxito las VII Jornadas de Arqueología de Sobrarbe celebradas bajo el título “Piedra Seca”. El encuentro ha brillado por la calidad científica de las ponencias, consolidando la idea de que la alta montaña no es un espacio vacío, sino un denso archivo de la historia humana.

El arte de la construcción en piedra seca forma parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y en Sobrarbe tiene una presencia abrumadora.

El momento más emotivo de las jornadas tuvo lugar durante la presentación de los resultados de la investigación en las Mallatas de Albella (Fiscal). El arqueólogo David García Casas (INCIPIT-CSIC) desveló las dataciones científicas obtenidas mediante Luminiscencia (OSL) en la campaña de 2024 y que hasta el momento eran desconocidas. Los resultados causaron sorpresa y alegría entre los vecinos de Sobrarbe, al descubrir que la conocida como “mallata vieja” es mucho más antigua de lo que se creía: Las muestras tomadas bajo los cimientos confirman que la cabaña de la “Mallata Vieja” fue construida originalmente en el siglo XV (entre 1419 y 1543).  Posteriormente, la estructura vivió una importante remodelación y pavimentación en el siglo XVIII, coincidiendo con los hallazgos de cerámica y restos de vida cotidiana, lo que demuestra que este enclave ha sido testigo de actividad ganadera documentada desde hace más de 500 años.

Más allá de este descubrimiento puntual, las jornadas arrojaron luz sobre cómo debemos interpretar el paisaje pirenaico. Tras escuchar a expertos del País Vasco, Aragón, Andorra, Francia y Galicia, se alcanzaron varios consensos fundamentales. En primer lugar, se desmontó el paradigma de la alta montaña como un espacio marginal. Los expertos coincidieron en que la supuesta falta de restos se debe a una “ceguera investigadora”; cuando se prospecta sistemáticamente -como ha demostrado el Grupo de Arqueología de Alta Montaña (GAAM) en Ordesa- aparece un registro denso de las estructuras en piedra seca que incluyen no solo uso ganadero, sino también funerario, militar y minero.

Otra de las ideas fuerza del encuentro fue que la diacronía es la norma. Las cabañas y muros en piedra seca se levantan, se reparan, se amplían y cambian de función a lo largo de los siglos. El caso de Albella es el ejemplo perfecto de cómo una estructura medieval se adapta y reutiliza en la Edad Moderna.  De este modo, nuestras montañas se convierten en un archivo histórico continuo.

También se alertó sobre el riesgo de fechar las construcciones únicamente por su apariencia o tipología, ya que, sin excavación arqueológica y datación científica, pueden producirse interpretaciones erróneas.

Se planteó como reto proteger los sistemas que conforman nuestros paisajes culturales, por encima de los elementos concretos: si queremos conservar nuestros paisajes dibujados por las construcciones en piedra seca, debemos proteger los sistemas de pastoreo, las redes de caminos y la lógica territorial que les dio sentido.

Las jornadas también sirvieron para comparar la realidad de Sobrarbe con otros territorios. La participación de expertos de diferentes lugares mostró una enorme diversidad funcional de la piedra seca: desde neveros y loberas hasta caleros y estructuras de demarcación territorial, ampliando la visión de este patrimonio más allá de lo meramente pastoril.

Celebradas en el marco del proyecto europeo Interreg POCTEFA PETRA (cofinanciado al 65 % por la Unión Europea a través del programa Interreg VI-A España-Francia-Andorra 2021-2027), las VII Jornadas de Arqueología de Sobrarbe se cierran con una conclusión firme: la piedra seca no puede entenderse como una suma de elementos aislados, sino como un sistema territorial complejo que articula usos, saberes, redes de movilidad y formas de vida construidas a lo largo de siglos. Asegurar la conservación de este patrimonio exige una mirada global que atienda al paisaje cultural en su conjunto -los sistemas de pastoreo, las infraestructuras asociadas, la organización del territorio- y no únicamente a sus estructuras visibles.

Al mismo tiempo, resulta imprescindible reforzar y revitalizar la transmisión de la técnica de la piedra seca, garantizando que sea la propia comunidad local, portadora de este bien inmaterial, quien continúe manteniendo y dando sentido a estos paisajes vivos. La investigación arqueológica, por su parte, se revela como herramienta fundamental para desvelar la historia acumulada en cada muro, aportando el rigor científico necesario para comprender su evolución. Solo desde la integración entre conocimiento científico, transmisión intergeneracional y protagonismo de la comunidad se podrá asegurar el futuro de este patrimonio que define la identidad del territorio.