Artículo de opinión de Moisés S. Palmero Aranda
Educador ambiental
Los Toreros Muertos, el bosque y el libro
En otros años, cuando llegaba la Feria del Libro de Almería, escribí algunas opiniones que sabía me iban a perjudicar, pero lo hacía porque cuando paseaba entre escritores, libreros, políticos y gestores culturales, se me revolvían las tripas y me proponía marcarme un Jesús de Nazaret en el Templo de Jerusalén gritando eso de (no es una cita de Tarantino) “¡Ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones!”, con todo el significado que tiene y lo que representa.
Pero como no tengo ascendencia divina ni hago milagros ni tengo la autoridad moral que tenía él y no estoy libre de pecados (por lo que no debería haber tirado esas piedras), me limitaba a decir lo que pensaba, y eso me convirtió, a ojos de los cambistas, tratantes, mercachifles, mandamases y proxenetas, en un quieronopuedo-hipócrita-envidioso-llorón-problemático con ínfulas que meaba contra el viento. Vamos, un Vinicius de manual, pero sin su talento y, lo más importante, sin llevar un escudo en el pecho que me protegiese de las tarjetas y líneas rojas cuando me tiro a la piscina pidiendo penalti o señalo a todo el mundo.
Sin embargo, este año veo el mundo de otra manera y me pregunto qué le pasaría por la cabeza a mi yo de entonces para decir todas esas cosas y no ver la parte positiva de la vida, por autoinmolarse y seguir erre que erre pensando que solo él tenía razón y que con sus incendiarias palabras iba a cambiar el mundo para mejor. Pobre iluso.
Alguien me debería haber aconsejado eso de dientes, dientes que decía la Pantoja, para que me hubiese limitado a lo que hacen todos: bombardear en las redes sociales con las horas de firmas, aunque sea en un mañana de diario que no pasa ni el tato por allí, echarme un montón de fotos durante la misma sonriendo feliz y darle las gracias a todos por permitirme pasar ese momento de gozo y felicidad con los lectores. Ser un elegido entre los 90.000 libros publicados cada año, aunque, según CEGAL, la mitad no vende ni un solo ejemplar en sus librerías, y entre los 100.000 escritores dados de alta, aproximadamente, que hay en España, aunque solo un puñado, que no llegará a la centena, viva de la literatura, ya es una suerte que hay que agradecer.
Así que este año he decidido, llevándole la contraria al sabio refranero popular, olvidarme del bosque para centrarme solo en el árbol. Saben que soy mucho de bosques (sobre todo de los cuatro de Murgi), del equilibrio natural, de la importancia de las relaciones ecosistémicas, de la colaboración y el trabajo en equipo, pero, como cantaba Lennon en los Campos de fresas, es “más fácil vivir con los ojos cerrados” y pensar que, aunque “nadie está en mi árbol, creo que no está tan mal”.
Pero puestos a ponerle una banda sonora a esta opinión, creo que la canción adecuada es “Falangistas” de Los Toreros Muertos, no por el título, por supuesto, ¡válgame Dios!, sino por el estribillo que dice: “Qué buenos son los padres salesianos. Qué buenos son que nos llevan de excursión”. Esa debe ser la mentalidad: preparar la vaselina, la gorrita para el sol y cantar las consignas adecuadas, haciéndole caso a los que saben y a lo que tienen pensado para ti.
Da igual si los políticos cambian la fecha cada año a gusto de los intereses del presidente del gremio de libreros para que nadie le haga la competencia. Una fiesta particular que se paga con los impuestos de todos. Al menos, nos llevan de excursión. Da igual si por estos caprichitos coincide con otra de las ferias importantes de la provincia, o si el resto de los expositores no están de acuerdo y no tienen opción de opinar al respecto. La democracia está sobrevalorada y, al menos, nos llevan de excursión. Da igual si hay que pagarle una pasta a un gestor cultural florero que se entera una semana antes de la programación; si total, van a venir año tras año los mismos escritores, el selecto, mediático y superventas club Planeta y los amigos de sus amigos, tanto en infantil como en adulto, aunque repitan la presentación de los mismos libros. Qué buenos son, nos llevan de excursión.
Como ya tengo la mochila preparada para comenzar a caminar, se me ha ocurrido un tema de conversación para entretenerme con los camaradas. El Día del Libro se celebra para conmemorar la muerte de tres grandes escritores: Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega; sin embargo, el Día del Libro Infantil y Juvenil conmemora el nacimiento de Andersen. ¿Será una premonición o una simple curiosidad? Da igual, nos llevan de excursión. Qué buenos son.
Más info: https://moisespalmeroaranda.wordpress.com/acerca-de/




