El concierto de Diego Guerrero & Muerdo fue un homenaje a lo mejor de la música hispana. El recital alternó virtuosismo, frescura y elegancia, y mezcló momentos íntimos con otros de alegría colectiva. Un viaje entre dos continentes pleno de dulzura gracias a una banda sobresaliente y a dos músicos consagrados, impresionados con el entorno.

El público llenó el espacio Vicente Baldellou, tal y como estaba previsto, y disfrutó de un concierto íntimo y explosivo a la vez, gracias a un formidable elenco de músicos que encabezaban Diego Guerrero y Pascual Cantero (Muerdo), y que completaban magistralmente Cristian Letelier (piano), Álvaro Rey (trompeta), Nasrine Rahmani (Percusión) y Rainer Pérez (bajo). No está acostumbrado el SoNna Huesca a bandas tan amplias en recintos tan pequeños y, por contra, tan espectaculares. Todo se hace pequeño a la sombra de la colegiata de Alquézar, excepto la música.

La complicidad personal y artística de Diego Guerrero y Pascual Cantero es lo que llena de sentido el proyecto de dos finos artistas que derrochan sentido escénico, humildad y saber hacer. Con un repertorio construido a partir de grandes clásicos del cancionero hispanoamericano, pero sazonados con especias mestizas y actuales, la banda se gustó con el salseo de Cara de Payaso, el tango Cambalache o el vals venezolano Ódiame, y reservó momentos de recogimiento que asumió Muerdo con su Todo está bien, y con Sinvergüenza.

El directo, muy bien estructurado, dio para todo. Para hablar de los festivales en la naturaleza: “Larga vida”, dijo Muerdo. Para reivindicar el mundo rural y para cantar el cumpleaños feliz, con “tarta” incluida a la percusionista Nasrine Rahmani, pareja de Diego Guerrero y en “estado de buena esperanza”, para que no faltara ese punto de ternura a una fiesta entre amigos. El buen rollo en el escenario se trasladó al público, que no ha dejado de felicitarlos hasta hoy por la mañana, ya que la banda durmió en Alquézar “para no olvidar nunca su paso por el SoNna Huesca”, confesaba su “Road manager”.
Tras dos ediciones en los que la lluvia había sido protagonista, este año el equipo de producción de la caravana del Festival Sonidos en la Naturaleza pudo recoger en Alquézar sin tenderlo todo antes. El VII SoNna Huesca cerró su fin de semana inaugural con una sonrisa en los labios. El certamen que había abierto el día anterior Raül Refree y El Niño de Elche de una forma litúrgica y profunda, de repente se apuntó a la fiesta.
El próximo fin de semana, el festival se desplaza hasta la comarca de La Litera para vivir los conciertos de Cantaderas en el Paseo del Sifón de Albelda, el sábado, y de Ëdda Díaz en el Parque Los Olmos de Binéfar, el domingo. Ambos conciertos están previstos a las 20.30 horas.
- El SoNna Huesa se prepara para viajar a La Litera
Presentación de Olvidadas en DPH el 9 de julio
Pero antes el Ensemble Cantaderas, formado por Anne Marie Lablaude, June Telletxea, Ana Arnaz y Paloma Gutiérrez del Arroyo, presentará el jueves 9 de julio en el Salón de Actos de la DPH su último trabajo: Olvidadas. El acto será de entrada libre.
El Ensemble Cantaderas aglutina un grupo de mujeres con una sólida formación en el campo de la música antigua que les permite enlazar repertorios de entre los siglos XIII y XVI con otros de la tradición oral popular interpretados por mujeres.
Las Cantaderas eran grupos de mujeres contratadas y remuneradas durante la Edad Media para tocar, cantar y bailar, amenizando así distintos eventos sociales. En el siglo XIV aparecen descritas en el Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita.
La presentación del libro disco Olvidadas, organizada por el Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA), será el preludio perfecto del concierto previsto ese mismo fin de semana en el Paseo del Sifón de Albelda (Sábado, 11 de julio a las 20.30 horas).
El libro CD Olvidadas, que ha estado precedido de un profundo trabajo de investigación, está dedicado a las españolas prisioneras en el campo de concentración nazi de Ravensbrück, deportadas entre 1942 y 1945. Grabado en la fábrica textil del propio campo, hoy Memorial Ravensbrück, el resultado musical bucea en lo que podríamos llamar el paisaje sonoro interior de aquellas prisioneras.
El grueso del contenido de Olvidadas lo resume el testimonio de una de ellas, Ángeles Martínez, a la que su compañera Dolores García Echevarrieta (Charlie) aconsejó “cuando te sientas triste canta. ¡Canta y vivirás!”, como medicina ante su inminente confinamiento en una celda de castigo. También se manifiesta en las músicas populares que se incluyen, recopiladas por diferentes vías. Son solo voces, ocasionalmente acompañadas de sencilla percusión: piedras, dedales, cucharas, un tambor o el ruido de las manos golpeando una mesa.
Todo ello está mezclado con piezas medievales y renacentistas que sugieren el universo subjetivo de las reclusas, en el que también reinan los silencios o el ruido del tren que abre el trabajo. Aunque pueda sonar algo ecléctico, Olvidadas es un proyecto que mezcla de forma sublime músicas tradicionales y música antigua, y que convierte la música en una herramienta para sobrevivir.



