Juan Diego Tamayo, párroco de la iglesia de Boltaña. Homilía para este domingo 4 de mayo de 2014

Al abrir el Concilio en 1962, el Papa Juan XXIII dijo que él quería “abrir las puertas de la Iglesia para dejar que el aire fresco del Espíritu entrara”. Y por estos días de la pascua y con el tiempo de la Semana Santa este año; me he encontrado con la propuesta de mis vecinos y feligreses: “Juan Diego, hay que abrir las puertas de casa para que esta se caliente un poco”, que diga esto después del primer invierno que paso en España y que específicamente me toca vivir al lado del Pirineo y con la experiencia de palpar por primera vez los copos de nieve; bueno, se convierte en una propuesta arriesgada pero cuando van llegando esos primeros calores primaverales, esa propuesta se convierte en alternativa y solución que termina de una vez con el frio que era opacado por el fuego del butano o el propano o por las chimeneas tradicionales que aún quedan en este Sobrarbe hermoso.

Pues hoy los discípulos de Emaús tienen frio, es el frio del fracaso de Jesús en la Cruz, es el frio que acaba con las posibilidades altruistas de unos hombres que esperaban el triunfo material de quien quería con más fuerza el triunfo espiritual, triunfo que es suyo y de la humanidad – regalo del Padre, propuesto desde siempre en la persona de Jesucristo – , solo cuando estos abren los ojos, abren las ventanas de su corazón, se dan cuenta del calor que se siente cuando se vive la experiencia del Salvador.

Tenemos nosotros que abrir nuestro ser a la esperanza, nuestra vida, a quien es la vida, solo así podremos sentir aquello que la humanidad no ha podido adquirir con tantos progresos que esta tiene, tenemos que valorar más la alegría que se siente cuando compartimos con el otro el amor, tenemos que ver con gracia esa oportunidad que nos da esta tierra, cuando al sentir el calor del hermano reímos por la oportunidad de ser una familia tan distinta a las demás familias que conforma este universo, familia que comporta elementos diferenciales tan valiosos como la razón y los sentimientos, los valores y la conciencia para vivirlos y al superar este echo darnos cuenta de que comportamos además fe, espiritualidad, esperanza a la eternidad; conocimiento de un ser superior al que reconocemos cuando sentimos su presencia en todo lo que se ve y especialmente cuando lo vemos presente en el hermano, cuando lo vemos dándonos calor en el corazón, cuando lo vemos acompañando toda nuestra vida.

Démosle gracias hoy al Todopoderoso, que aunque muchos hoy no lo vean como nosotros lo vemos, la mayoría reconoce como la chispa que origina todo esto que se llama vida.

AUDIO:

Juan Diego Tamayo, párroco de Boltaña