A más de uno le pillo ligero de ropa. Si ya Canfranc tiene fama de “traidor” en las tardes de verano -se dice que los nacidos allí siempre llevan la chaqueta debajo del brazo, incluso paseando por la playa- el brusco descenso de temperaturas y el viento del norte provocaron que las mantas del SoNna Huesca no se usaran ayer para sentarse o tumbarse sobre la hierba, sino para cubrir unas piernas que echaban de menos los añorados pantalones largos.

Y eso que el anfiteatro de la Estación Internacional de Canfranc, que debutaba ayer como escenario del SoNna Huesca, se mostró como un escenario idóneo para un día de viento. Parcialmente protegido por el anfiteatro natural, el público se quitó el frío acompañando fervoroso con las palmas cada vez que se pedían desde el escenario.

Sobre la coqueta tarima de hormigón, una mujer menuda y combativa, nacida en el barrio de Boedo de Buenos Aires, desplegó toda la energía de la que fue capaz, y fue mucha. “Si alguna vez van a Buenos Aires, vayan a mi barrio. Es un barrio tanguero, en el que todo sabe a literatura, a cine y a historia”. La argentina Belén Natalí, afincada en Barcelona desde hace años, no se refirió al fútbol en ningún momento y eso gustó al público.

El tono combativo y de lucha personal y colectiva que tuvo el recital ayudó al respetable a abrigarse. El pop electrónico aderezado de reggae, de Rythm and Blues y de ritmos latinoamericanos de Belén Natalí le dieron a la Estación Internacional un aire de frontera contemporánea. El carretón de Ip, el fuerte de Col de Ladrones y la Raca, dominando al fondo del escenario, se tiñeron de colores actuales y revolucionarios. La música combinó perfectamente con la dureza de la piedra caliza y la majestuosidad de las cumbres pirenaicas. Juntos formaron un todo. Y el viento y el frío fueron la sal y la pimienta del guiso que resumía el paisaje.
Tatuada en todas su extremidades y con una sudadera de una cerveza doble malta solo apta para iniciados, Belén Natalí olía a underground y mostraba una personalidad densa y amarga, muy parecida a la cerveza que sin querer -o no- promocionaba. “Yo era la cantante punk que llegaba, tocaba y se iba sin hablar con nadie”, reconocía en una entrevista. Ya no es aquella adolescente que lideraba las tertulias políticas de su instituto, pero a esa niña la lleva grabada en la frente.

En la frente, en el “galeón” de su pierna derecha y sobre todo, en la “calavera” de su pierna izquierda. Habló cantando y cantó hablando. A veces confundíamos su música con el rap. Lo que está claro es que cada vez es más difícil poner etiquetas musicales y no lo haremos. El concierto de ayer fue black label (etiqueta negra), como esas de los whiskies añejos, aunque el de ayer fuera un licor eminentemente joven.
Tory Sparks en la Borda Juan Ramón (Aísa)
Sin salir de la comarca de La Jacetania, el festival itinerante de la Diputación Provincial de Huesca se desplaza hoy a la vecina Aísa para celebrar el primero de los dos conciertos matinales de la séptima edición del SoNna Huesca. El otro es el que dará Matthieu Saglio el16 de agosto en el bosque de Pineta, en Bielsa.
El concierto de hoy en la Borda Juan Ramón de Aísa corre a cargo de la norteamericana nacida en Chicago, pero afincada en España, Tory Sparks. Desde que cumpliera 18 años, Tory Sparks ha tocado un promedio de 150 conciertos al año en 24 países, incluyendo festivales como el SXSW (EE UU), el Festival de Jazz de Montreux (Suiza) o el Festival Jardins de Pedralbes de Barcelona. La norteamericana cautiva al público con su autenticidad, su sentido del humor y su chorro de voz. Está considerada una “antidiva” por su implicación social y su participación en actos benéficos y solidarios.
El pasado mes de abril lanzó su octavo álbum, Cabinet of Curiosities un proyecto dividido en cinco paquetes o mini Ep’s de cuatro canciones, que juntos forman un todo. Cada una de estas entregas tiene un estilo musical diferente: blues y gospel, folk, country, rock y soul. Es una suerte de poliedro con todas las facetas musicales de Tori Sparks.
La Borda Juan Ramón es un establecimiento privado muy conocido en La Jacetania, situado en la zona periférica del Parque Natural de Los Valles Occidentales, donde las bordas pastoriles se han adaptado como espacios gastronómicos en plena naturaleza. Dispone de un gran espacio verde, pues es camping y área de acampada, además de restaurante.
De la Jacetania al Alto Gállego
El Festival Sonidos en la Naturaleza no deja las tierras altas y de La Jacetania viaja el próximo fin de semana al Alto Gállego para instalarse el viernes 31 de julio en la iglesia de San Juan Bautista de Allué (Sabiñánigo) con Los Hermanos Cubero y el sábado 1 de agosto en la iglesia de la Ascensión de Aquilué con Idoipe y María Rodés. El fin de semana lo cerrará el domingo el manchego Nico Miseria en la ermita del Viñedo de Loporzano, ya en la Hoya de Huesca.




