Imagen de cerezas aragonesas.

Este miércoles, 14 de julio, se celebra la Conferencia Sectorial de Agricultura, encuentro entre el Ministro con los consejeros del ramo, para hablar exclusivamente de la Política Agraria Común (PAC).

Oscar Joven Lapeña, fruticultor y responsable comarcal de UAGA en Calatayud, en su artículo de opinión, habla sobre las negociaciones de la PAC y lo mucho que se juegan los fruticultores.

EL TANGO AMARGO DE LA FRUTICULTURA

‘Veinte años no es nada’ cantaba Carlos Gardel. Y esta canción parece el tema de cabecera del ministro de Agricultura, Luis Planas.

Veinte años son dos décadas en las que la agricultura ha experimentado grandes cambios y variaciones como toda la sociedad. ¿Qué sentido tiene entonces aplicar políticas de hace veinte años a la situación actual? ¿Están igual hoy los mercados que hace veinte años? ¿Se produce lo mismo que entonces?

La próxima reforma de la PAC tiene que ser una reforma y no más de lo mismo vestido de otra manera. No podemos ni debemos consentir que, mientras se nos dice que será profunda y social, se quiera seguir manteniendo unos derechos históricos en base a producciones de hace veinte años.

No podemos ni debemos consentir que, mientras en la definición de agricultor genuino se abre la puerta a todas las personas que tienen la agricultura como segunda y tercera actividad, se deje fuera a profesionales que estamos sometidos a las dictaduras de los mercados. Y en este caso, hablo de los que nos dedicamos al sector de frutas y hortalizas, a los que poco tiempo nos queda para tener otra actividad. Fijamos población, generamos empleo, y muchas veces ocupamos territorio que no es apto para otros cultivos.

La reforma tiene que ser profunda y social, señor ministro. Y no una fachada para que todo siga igual. Tiene que priorizar a las personas que realmente vivimos de esto, las que no tenemos otros ingresos para mantener a nuestra familia, las que nos jugamos el 100% en nuestra explotación, y a los que realmente nos afecta una catástrofe climática o de mercados. Cualquiera puede ser productor de alimentos pero no cualquiera debería ser agricultor o ganadero, como no cualquiera es albañil, taxista, conductor, funcionario, o incluso ministro.

Valentía, señor ministro, valentía. No es tan difícil identificar a un agricultor o a un ganadero, solo hay que mirar las manos y la cara para reconocer esas pieles curtidas por el sol. Mírenos a la cara y díganos que nos deja fuera, otra vez, a todos los profesionales de la fruticultura. No se escude en más definiciones erróneas. Veinte años es mucho tiempo, señor Planas. No queremos ‘Volver’ a lo de siempre, queremos tener futuro en el campo y vivir en nuestros pueblos.