Homilía de Juan Diego Tamayo Avendaño, sacerdote de la iglesia Boltaña.

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

–El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reces cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda”. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidados a la boda.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Palabra del Señor. Gloria a ti Señor, Jesús.

Hay que ir bien vestidos al templo; en los tiempos anteriores la discusión de como ir vestidos al templo llegó a centrarse en el ropaje exterior y de como había que conservar el pudor para evitar las miradas de los demás y de como se debía mirar a los demás, el buen cristiano sabía ir bien vestido al templo… y que decir de otros tiempos en los que se decanto toda la espiritualidad al espíritu político con el que se viviera la experiencia religiosa y entonces solo podían entrar al templo los del pensamiento “puro”, el buen cristiano sabía cual ideología seguir.

No paso mucho tiempo para saber que se había cometido cierto error, pero en los peores momentos de la historia hubo que participar y entonces los templos se clasificaron por colores y extractos para reconocer al buen cristiano por el grupo de personas con los que departía la celebración litúrgica y además por la calidad de las donaciones – esto se pudo dar en pequeñas expresiones, pero las traigo acá para que reflexionemos en lo realmente importante de nuestra misión -. El buen cristiano solo entraba a templos de su condición y daba donaciones significativas; porque hasta sus pecados serían perdonados.

En ese camino el momento central estuvo, más errático, cuando el pueblo se acerco más al rito y dejo de alimentarse de La Palabra, hasta el punto de estar este caminando paralelamente a ella, La Palabra en su Idioma oficial y el pueblo en su lenguaje vernáculo… la linea paralela se desvió con tanta suerte – no se si buena o mala o que – que algunos caminaron encima de ella, otros de lado, otros la cargaron a sus hombros y no se quienes la deformaron para volverla un cumulo de leyes que se convirtieron unas veces en obstáculo para los valores que el mundo creó y crea, otra en ocasión para formar en valores éticos, y otras que aquí no menciono.

Este tema nunca se ha cerrado ya que la dificultad que toda esta propuesta diversa deja, esta dejando de lado lo realmente importante, o al menos no esta tomando en cuenta aquello que se convierte en motivación para ir al templo realmente bien vestido y con la disposición de alimentarse con todos… El corazón dispuesto, el alma limpia de maldad, el mandamiento del amor, la caridad cristiana, la fe puesta solo en la propuesta de Jesús, la esperanza que supera el dolor, etc…

Hermanos la Iglesia es siempre nueva y la Eucaristía se celebra con la seguridad de que es el gran banquete; allí el gran anfitrión es Cristo, el metre es el Sacerdote que con los servidores al altar; Sacristanes, acólitos, lectores, recolectores de la ofrenda, el coro, etc. y como gran fiesta: con todos los comensales: celebra la gran boda, que ya está preparada por Dios Padre desde toda eternidad, boda que plenifíca Cristo con su Iglesia en un matrimonio que siempre se celebra y que tiene vino y pan – el cuerpo de Cristo – una sola Alianza – el Altar del ofrecimiento, la liturgia y La Palabra -, gran banquete que hoy ha sido olvidado por muchos cristianos que se llaman católicos, pero que se sostiene por la fidelidad de unos servidores solícitos que buscan invitar nuevos comensales.

Es una Iglesia que no llega a la cuarta parte del total de los cristianos católicos, que no sabríamos delimitar por que todos tendríamos que evaluar si tenemos bien colocado el vestido de cristianos católicos o no. Una Iglesia que puede ver en La Palabra y en El Papa y muchos de sus ministros y fieles; el deseo de ser esos servidores solícitos del Padre, pero que no está dispuesta a vencer sus limitaciones y esclavitudes.

Hoy Dios nos invita a vivir Su Palabra, a buscarla, a llamarnos de verdad enamorados y dispuestos la salvación nuestra y de los demás. Pero como lo vamos ha hacer?; llegando a la invitación que nos hace El Señor de vivir en continua comunión y así; Vestidos de Amor, podamos ser alimentados en su misericordia.

Que el mismo Padre – Dios nos ayude. Feliz semana para todos.

AUDIO: Juan Diego Tamayo, párroco de Boltaña.