Medio centenar de integrantes del Club de Montaña Nabaín, de todas las edades, participaron en esta tradicional ascensión deportivo-festiva de fin de año, que se llenó de buenos deseos para las personas, la naturaleza y las montañas para este 2026, según explican en su crónica fuentes del club Nabaín.

El Club de Montaña Nabaín felicita 2026 desde la cumbre que le da nombre. Medio centenar de montañeras y montañeros (47 para ser exactos) de entre 10 y 70 años participaron este domingo en la tradicional ascensión de fin de año a esta cima que domina toda la zona central de Sobrarbe y sirve de mirador de sus principales montañas -el Posets a Treserols- y de gran parte del territorio del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
Un almuerzo comunitario en su cumbre nevada y un brindis colectivo cerraron este acto con el que el club boltañés da la bienvenida a 2026, deseando a Sobrarbe, a Aragón y al mundo “paz y bienestar”, y un medio natural “sano y bien conservado, que sustente la vida de los ecosistemas y la felicidad de las personas”.

Un muñeco de nieve, mirando hacia el Este, en la dirección por donde nacerá el nuevo año, quedó como testimonio efímero de la participación de las más jóvenes caminantes del grupo.
Montaña y celebración se unieron en esa ascensión que arrancaba en la localidad de Ascaso -famosa por su festival de cine, “el más pequeño del mundo, y por sus relojes de sol-. Las duras rampas de la “lenera” de Nabaín, una gran ladera de roca que da acceso a esta cumbre, se dulcificaron observando los numerosos pequeños fósiles que conforman este suelo calizo y las panorámica cada vez más amplias de pueblos, valles y montañas. El congosto de Jánovas -con sus estratos verticales que convocan a geólogos de todo el mundo-, los acantilados que se abren sobre la ribera de esta localidad que, finalmente, se ha salvado de ser ahogada por un pantano; y las extensas vistas de la Solana, de las cumbres de Ordesa y de gran parte del eje del Pirineo -cubierto por la nieve- premiaron el esfuerzo de los participantes.

También ese almuerzo a base de huevos fritos, y de embutidos y dulces compartidos, compensaron sobradamente los 800 metros de desnivel ascendidos.



