Pirineos Sur 2024. Foto: Jaime Oriz.

El cantaor toledano se estrenó en el escenario flotante de Lanuza para presentar “Pura sangre”, uno de los discos más destacados de los últimos años del género

El primer fin de semana de la XXXI edición de Pirineos Sur se ha cerrado con dos noches dedicadas al flamenco que sirvieron para crear una radiografía del estado de salud de este género inmortal. Si en la primera noche destacaron propuestas tan consagradas como el homenaje a “La leyenda del tiempo” y el concierto de Estrella Morente, brillaron por mérito propio Israel Fernández y Lin Cortés, dos de los artistas más relevantes e innovadores del momento.

Pirineos Sur 2024. Foto: Jaime Oriz.

Abrió la noche Lin Cortés que, por primera vez, actuaba en Pirineos Sur. El jienense ha desarrollado una carrera en la que ha fusionado con elegancia el flamenco con el soul o el funk. Pero para su estreno preparó un setlist de formato más clásico, más íntimo, lleno de detalles. Se presentó ante su público solo, elegantemente vestido, cantando sus penas. Traje blanco, camisa negra, guitarra rojo sangre, arte en las venas.

Con la misma sobriedad apareció su banda en el escenario. Entre palmas, coros, guitarras, bajo, cajón y vientos confeccionó un concierto sólido, con un repaso a su repertorio clásico (“Minotauro”, “El jardín de la memoria”, “La duda”…), con oportunas versiones (“Y será verdad” de Vicente Amigo, “Entre dos aguas” de Paco de Lucía); sin sobresaltos, pero con efectiva pegada. Con la noche ya entrada, Cortés fue cogiendo ímpetu y no pudo mantenerse en la silla, para acabar con el público más que satisfecho y regalando una de las canciones más esperadas de la jornada, “Novia moderna”.

Israel Fernández también se estrenó anoche en el escenario flotante de Lanuza. Venía a presentar su último y muy bien recibido trabajo, “Pura sangre”. La portada del disco es un hermoso caballo, pero para el cantaor la belleza está en la sinceridad. Es algo que su música transmite, con una voz que sabe impactar en el oyente, y que logra trasladar a sus conciertos, siempre bien acompañado de la guitarra de Diego del Morao.

Sentado, también vestido como la ocasión merece. Fernández apostó por el rojo, gris y negro, pero con la misma elegancia y con el porte que le otorga su larga melena. Ané Carrasco a la percusión, Marcos Carpio y Ángel Moreno “Pirulo” a las palmas, flanqueando al cantaor y guitarrista, comenzaron con el impulso de las palmas de “La soleá de mi casa”. Pero, al tercer tema, Fernández y del Morao se hicieron dueños únicos del escenario para tocar un tango flamenco.

Esto no fue más que el inicio de una serie de momentos para el recuerdo de la noche: la colaboración con Lin Cortés en el escenario, el lucimiento a las seis cuerdas del Morao para entonar una bulería y los dos temas que regaló Fernández solo al piano, que resultó imponente. Porque el cantaor además de poseer unas canciones por encima de la media, posee una presencia escénica, una voz y un sentimiento al alcance de muy pocos en este momento.

De romería por el mundo

La música regresará al escenario de Lanuza el jueves 11 con la presencia de Meute y Rodrigo Cuevas. Los primeros, de origen alemán y formada por once miembros, recorren el mundo interpretando versiones de temas electrónicos (como “You and me” de Disclosure o “Reg” de Âme, con la que se dieron a conocer) con los instrumentos característicos de una banda clásica. Rodrigo Cuevas es una de las figuras más importantes de la nueva escena de música de raíz renovada, con trabajos tan sobresalientes como “Manual de romería” (2019) y canciones tan aplaudidas como “Muerte en Motilleja” o “El día que nací yo”. Sus conciertos son una fiesta colectiva, una rave, en la que se mezclan de manera muy fluida la modernidad y la tradición, coronados por su magnetismo personal.

Y para fiesta, la que montará en la carpa Mr. Pendejo, que ha sido residente del festival durante muchos años. Es todo un experto en la música negra y todas su variantes y siempre logra las más explosivas combinaciones sonoras en sesiones donde lo analógico y lo electrónico bailan en la misma pista. Jazz, jungle, soul, cumbia, dubstep, disco, afrobeat… su selección musical no conoce límites.

Pirineos Sur 2024. Foto: Jaime Oriz.

El resto del fin de semana será de los más intensos de esta edición de Pirineos Sur. El viernes 12 será el día que uno de los grupos indie más importantes de los últimos años se estrene en el escenario de Pirineos Sur, Vetusta Morla, que colgaron el cartel de sold out hace semanas. Loreena McKennitt se subirá al escenario flotante el sábado 13. Esta veterana artista canadiense es la indiscutible reina de la música de influencia celta. En 1991 publicó “The visit”, el histórico trabajo que está recuperando, más de treinta años después, en esta gira de aniversario. Cerrará el primer fin de semana una vieja conocida del festival: Lila Downs (que ya ha actuado en dos ocasiones). La cantante mexicana llega a Lanuza el domingo 14 para presentar su último trabajo, “La Sánchez”. Pero esa misma jornada contará con otra figura clave de la fusión cultural, como es Mulatu Astatke. El multiinstrumentista etíope es considerado como progenitor del ethio-jazz.

Sobre Pirineos Sur. La historia

Hace 31 años la Diputación de Huesca ponía en marcha el Festival Pirineos Sur, un punto de encuentro entre continentes, culturas y sonidos, que ya en sus primeras ediciones se convirtió en la referencia nacional de su género musical antes de que en España se hablara de multiculturalidad o globalización. Es también una apuesta por potenciar el turismo cultural en la provincia de Huesca

Tras tres décadas conserva la filosofía que lo vio nacer. El Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur ha recorrido musicalmente casi todo el mundo. Músicas y culturas provenientes de los cinco continentes y ediciones monográficas dedicadas a los creadores de diversos países, regiones y movimientos musicales.

Un festival de postal

Sin duda, uno de los grandes alicientes de Pirineos Sur, volverá a ser no solo la propuesta musical, sino en el entorno donde se ubica: un espacio natural privilegiado. En el corazón del Valle de Tena, en pleno pirineo aragonés, las serenas aguas de las 116 hectáreas del pantano de Lanuza reflejan la imponente montaña de la Peña Foratata, un gigante de 2.321 metros de altura. Su figura se convierte en el telón de fondo de un escenario que flota sobre estas aguas y donde cada tarde puede disfrutarse de la bella estampa de la puesta de sol como antesala de los espectáculos musicales.

Además, para mayor comodidad de los asistentes, el anfiteatro cuenta con un aforo máximo de 4.900 personas y está dividido en tres: un espacio con gradas de piedra, un foso a orillas del pantano donde bailar en primera fila y sin agobios y, por último, una balconada superior donde disfrutar de la experiencia con visión panorámica.

El festival está flanqueado por dos de los pueblos más bellos del Valle de Tena. Por un lado, Lanuza, la encantadora pedanía “rescatada” bajo las aguas del embalse; y por otro, el emblemático Sallent de Gállego, lleno de vida y típicos caserones de piedra. Senderismo entre cascadas, piragua o paddel surf en el propio pantano, quads, vías ferratas o paseos a caballo, cualquier actividad es posible como alternativa a completar cada fin de semana, incluso en familia. Y todo ello acompañado de una diversa oferta de gastronomía de altura que cuenta con restaurantes con soles Repsol.