Ana Belén en la agencia.

Hace 25 años una joven montisonense de 24 se lanzó a la aventura de emprender en Aínsa. Con la formación y la experiencia que atesoraba hasta la fecha, principalmente en Madrid y Huesca y en grandes agencias, decidió que, para trabajar para otro, mejor se ponía por su cuenta. Pero, ¿qué fue lo que la trajo a Sobrarbe? Unas antiguas prácticas en Morillo de Tou y… el amor. Allí fue donde Ana Belén Guerrero conoció a su pareja, con ascendientes de Griébal, y donde plantó la semilla, sin saberlo, de un proyecto pionero en la zona que es mucho más que un servicio para la población de una comarca del Pirineo.

Es, en pleno auge de la IA y del mutable contexto mundial, un ejemplo de apuesta por el medio rural y el contacto humano.

Viajes Pirineo Aínsa abrió las puertas en agosto de 2001. El pueblo apenas tenía aceras y la calle río Cinca, donde se instaló y continúa desde entonces, no tenía salida. Si ahora se construye poco, hace 25 años casi todo lo que tenía a su alrededor eran solares.

Fachada de la agencia.

“El estudio de viabilidad no veía el potencial, pero el sitio me gustaba. Quería prestar un servicio a la gente de aquí. Ahora tenemos la mentalidad de hacerlo todo con el móvil, pero hace 25 años el que no se podía mover de un pueblo a otro a sacar un billete de tren era una odisea. Lo más cercano era Barbastro”. Ella lo vio claro, y así es como abrió la primera agencia en Aínsa. “Al principio era muy divertido, porque cada cliente que entraba lo primero que me preguntaba era: ¿y tú, quién eres? Entonces en lugar de atender, tenía que explicar quién era, de dónde había salido y por qué estaba aquí. Ganarse la confianza de la gente del pueblo fue el primer trabajo”.

Como cualquier negocio con cierta trayectoria, Viajes Pirineo Aínsa ha vivido cambios y ha tenido que adaptarse una y otra vez. “A principios de los 2000 acudían clientes solo para reservar hotel. Se iban a Salou, Peñíscola ya era exótico. He tenido mucho cliente de Imserso también. Los mayores que ahora tienen 90 años, cuando salían los destinos se movían un montón”, recuerda. Y aunque a día de hoy hay muchos que reservan por Internet, los que cruzan la puerta lo hacen buscando algo más elaborado, con garantías. “Un viaje a otro continente, por ejemplo. Tengo receptivos propios en todo el mundo. Llegas al aeropuerto, y alguien te está esperando a ti exclusivamente, para darte la bienvenida. Son detalles que dan tranquilidad. Procuro dejarlo todo muy bien atado antes del viaje porque influyen muchos factores y nada es infalible. Todavía hay mucha gente que valora levantar el teléfono y que alguien de carne y hueso le atienda de tú a tú”.

Aínsa ha cambiado mucho en 25 años. Unos negocios han cerrado, otros se han mantenido, y muchos han empezado su andadura recientemente. La percepción del entorno como lugar de emprendimiento ha cambiado, el turismo ha sido un revulsivo y los pueblos, de alguna manera, están de moda.

Por eso Enrique Pueyo, alcalde de Aínsa-Sobrarbe, pone en valor la valentía de emprender y apostar por quedarse en el medio rural “en unos años en los que los servicios no eran ni de lejos como los de ahora y abrir un negocio era casi un acto de rebeldía”. Pueyo incide en que emprender actualmente en el mundo rural “tiene muchas dificultades por la poca población a la que te puedes dirigir, por las dificultades técnicas, por la distancia a los grandes centros logísticos.

Además, para el empleo femenino todavía es más complicado”. En ese sentido, concluye que la apertura de una agencia de viajes se plantea como un reto todavía más complejo, “por eso aplaudimos y agradecemos la valentía de Ana Belén para ubicar su proyecto de vida en nuestro pueblo y comarca. Es un servicio demandado difícil encontrar en poblaciones pequeñas. Esperamos que siga cumpliendo muchos años más entre nosotros”.

El alcalde de Aínsa Enrique Pueyo.

Viajes Pirineo Aínsa contó con una persona de apoyo unos años pero, finalmente, cuando Ana Belén decidió ser madre, optó por reducir jornada, plantearse objetivos realistas y trabajar con cita previa. Pertenece, eso sí, a un grupo de gestión para tener el apoyo de profesionales especializados en todas las áreas de las asesorías de viajes. La forma de viajar ha cambiado. Su vida, también. El contexto mundial es un libro sin fin donde los acontecimientos marcan el rumbo de la historia, y de los viajes también. Con la agencia recién abierta recuerda lo que supuso el atentado de las torres gemelas. “Tenía viajes reservados a EEUU o a Canadá y la gente no se atrevía a coger un avión. Cuando la situación mundial cambia, tu negocio cambia. Y lo que era un destino seguro pasa a ser otra cosa”, sentencia.

La primavera árabe en 2011 o el Covid, sin duda la época más dura para el sector, también han pasado a formar parte de esas fechas imposibles de olvidar.

Se añaden, por otro lado, las dificultades de la burocracia, “infinitamente mayor que hace 25 años. Organizar un viaje ahora me cuesta 10 veces más que hace 25 años. Las leyes han cambiado, la protección al consumidor ha aumentado, y frente a empresas que han ido dejando pufos vendiendo viajes que no existían, Europa se ha protegido. Eso sí, siguen sin protegernos frente a las aerolíneas”, critica.

Con todo, Ana Belén Guerrero ha sabido adaptarse y cumplir con sus expectativas. Para celebrar su cumpleaños empresarial hace un guiño a quienes cumplen, precisamente, 25 años, con descuentos y sorteos activos para organizar una escapada especial, “porque los 25 es la edad de los grandes viajes”, asegura, mientras sonríe y piensa, esperanzada, que el futuro ha de pasar por tener la opción de elegir. “El que valora el contacto directo y la resolutividad humana seguirá recurriendo al servicio personal, y nosotros seguiremos acompañando y dando respuesta a ese público que busca garantías”.