Foto: Sobrarbe Digital.

Homilía de Juan Diego Tamayo, párroco de Boltaña.

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.” Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”

Palabra del Señor

El Belén está dispuesto, es grande y tiene muchas imágenes, Palestina tiene un río y un pescador, unas casas y unas montañas, luces y sombras, y hemos osado colocar a Jesús aún antes de su nacimiento para simbolizar que el siempre ha estado ahí, muchos visitarán la humilde entrada que acogió al Salvador del mundo, allí estarán María y José, pastores y reyes, ricos y pobres contemplando la gran obra del Padre Creador, Contemplando la humanidad Divina de Jesús, el crío de Nazareth.

Pero falta algo, la naturaleza parece dispuesta y expectante, las figuras viven el asombro filosófico y el fervor teológico, y sin embargo se nota que falta algo, las personas que pasan a contemplar el Belén tienen alegría por la obra tan linda que realizó el autor, y es que lo es, hay caras de risa por la ilusión con la que el labrador mueve el campo, de entusiasmo por la manera constante con que el herrero templa el metal… falta algo. En los corazones está la alegría navideña y los turrones y las natillas no se hacen esperar, la familia va al reencuentro vacacional, hay ideas y vestidos nuevos y regalos y sigue faltando algo, …tal vez pase el tiempo navideño y no se podrá descubrir que es lo que falta cada año a la navidad.

Y volvemos a la historia, recordamos a nuestros antepasados, era la misma alegría y acompañada de un buen acto penitencial, con la Eucaristía en los labios y el corazón, donde, luego largas caminatas se logró la hazaña de buscar al confesor y celebrar la Eucaristía, nosotros, pequeños niños, contemplamos un Belén, un pesebre, contemplamos que nuestros padres se prepararon para estar siempre en paz.

Y nos damos cuenta, tal vez ya lo sabíamos, nos falta una buena confesión y el deseo de vivir el compromiso de ser mejores cada día, para ver a Jesús, nacer en nuestra vida… ya sabemos que nos falta después de encender la primera vela del adviento, desde la esperanza a la que tenemos derecho por nuestro bautismo, encender la segunda vela, desde la conversión, esa que adquirimos con el arrepentimiento y la confesión.

Feliz semana para todos.

AUDIO: Juan Diego Tamayo Avendaño, sacerdote.