Una de las nabatas descendiendo por el río Cinca.

Tres nabatas descendieron este año por las aguas del Cinca, llegando las tres hasta Aínsa entre la emoción y los aplausos del público, en una jornada que dejó imágenes espectaculares en un río Cinca que presentó un aspecto inmejorable durante todo el recorrido y que volvió a convertirse, una vez más, en el auténtico corazón del descenso.

El trayecto entre Laspuña y Aínsa volvió a estar marcado por el buen ambiente, la emoción y la gran participación popular, con numerosas personas acompañando el paso de las nabatas desde distintos puntos del río.

Pero el XL Descenso de Nabatas fue mucho más que un evento festivo. Fue una demostración colectiva de esfuerzo, compromiso y amor por las raíces. Meses de trabajo silencioso, preparación de la madera, retorcida de berdugos y construcción artesanal hicieron posible que, un año más, el río volviera a hablar el lenguaje de los nabateros.

La Asociación de Nabateros del Sobrarbe quiso además recordar y homenajear a todas las personas que han mantenido viva esta tradición durante generaciones, así como a quienes ya no están, pero continúan muy presentes en cada descenso.

El fin de semana convirtió nuevamente a Sobrarbe en epicentro de cultura, convivencia y patrimonio vivo, consolidando el Descenso de Nabatas como uno de los acontecimientos sociales y culturales más importantes del Pirineo aragonés.

Calles, plazas y orillas del río se llenaron de vida durante tres días en los que tradición, música y territorio caminaron de la mano, dejando una imagen imborrable para todos los asistentes.

“Porque hay tradiciones que no se explican”, se sienten”, manifiestan. Y ayer (domingo 24 de mayo) Sobrarbe “volvió a demostrar que el río sigue siendo el camino”, concluyen desde la Asociación de Nabateros”.