Fuente: Club de Montaña Nabaín.

Treinta y seis montañeros y montañeras partían (domingo día 21 de junio) desde El Portalet, para adentrarnos en la cuenca de Anayet, un lugar especial en nuestro Pirineo, por el origen volcánico de algunas de sus cumbres, y por la belleza que atesora. La brisa suavizaba una mañana que, a pesar de la amenaza de la ola de calor, sería muy para nosotros muy agradable, según explica Juan Rodríguez Bielsa en su crónica montañera.

El Club de Montaña Anayet y el Club de Montaña Nabaín compartimos esta jornada, que nos llevaría primero por las pistas de esquí -trufadas de cañones de nieve, pistas para la maquinaria y remontes con carteles publicitarios que invitaban a disfrutar de un paisaje que ellos mismos redibujaban-. Una rebasadas estas instalaciones, nos adentramos por un sendero a media altura, por la Glera de Anayet, con su ‘baseta’ o ‘ibonciecho’ embelleciendo todavía más estas montañas. Seguimos a media altura por el valle que abre el barranco de Culivillas. Este es uno de los cauces, junto al de Canal Roya, por el que baja sus aguas el ibón de Anayet.

Pronto llegamos a él. Es un lugar espectacular, con las altivas cumbres del Midi d’Ossau y del pico de Anayet flanqueando los lagos, y los meandros que los alimentan. Algunos compañeros se han subido ya a la punta de Espelunciecha (3.396 metros). El resto nos hacemos una foto de grupo en este magnífico y poco transformado lugar.

La mayor parte nos dirigimos seguidamente a los picos de Anayet. Media docena deciden recorrer los ibones. La temperatura sigue siendo muy agradable.

En el collado que separa el Vértice, o Garmo, de Anayet, del Pico Anayet, unos pocos compañeros se irán hacia la primera de las cumbres (2.555 metros), mientras el resto ascendemos hacia el norte camino del pico. Atravesamos en una larga fila multicolor el paso de la cadena, bastante expuesto y en algún punto “lavado” por las pisadas, pero, en seco y sin nieve, pero sin grandes dificultades técnicas. Remontamos la chimenea posterior, que exige poner las manos en algunos pasos, y llegamos a la cima (2.751 metros). Desde ella contemplan infinitas cumbres, de Aragón, Navarra y Occitania; y el valle de Canal Roya. Ese enclave poco transformado, junto al entorno de los ibones de Anayet, forma el área para la que se viene proponiendo -desde hace décadas desde el montañismo aragonés- un parque natural.

Cerca de 30 personas hemos subido a la cumbre. Una decena irán también al Vertice. Y, de nuevo en los ibones, de nuevo agrupados tendremos la oportunidad de conocer como se ha formado este bello entorno, gracias a la charla geológica que nos ha preparado Elisa. No habrá habido nunca un aula tan especial.

Tras el descenso -que unos hacen por la ruta de subida, y otros siguiendo el cauce del barranco de Culivillas-, un trago en Formigal nos servirá de excusa para revivir en la conversación lo mejor de la jornada (ibones, cumbres, caminos,… pequeños desafíos personales), y también para imaginar nuevas salidas.