El trío madrileño Gilipojazz conquistó al público del SoNna Huesca en la Bodega Edra de Ayerbe en un concierto marcado por el calor. La tarde comenzó con una cata de vino a las 18:30 horas y finalizó cerca de las 22 horas tras un recital plagado de buen humor y buena música, aunque los artistas quisieran disimularlo.

Lo hacía Grock, “el rey de los payasos”. Y también lo hacía Chico Marx en alguna de sus películas. Se ponía a tocar el piano con un solo dedo, añadía otro y luego otro; y terminaba demostrando que era un pianista contrastado, un verdadero virtuoso. Ayer el que ejercía de Augusto (payaso tonto) era Ángel Cáceres, un tipo con una gracia especial, con bigotito a lo Freddy Mercury, que convierte el bajo en el instrumento principal del escenario. “Nosotros cantamos una canción y luego otra, y luego otra; las cantamos seguidas. Hemos visto que hay grupos que lo hacen así y les funciona”. El público estaba avisado y había llegado con ganas de reírse, a pesar del insoportable calor.

Gilipojazz se despedía de su disco de debut, ¿Dónde está el jazz? y lo fue alternando con su último trabajo, Progresa adecuadamente. En el concierto repartieron entusiasmo, buen humor e ingenio musical a partes iguales. La entrada con el clásico “A lo loco, a lo loco” iba a ser el punto de partida. La versión de Dragon Ball fue el remate. Por el medio se colaron una canción inspirada en un videojuego de los 90 “que todavía no existe”, algún momento intimista bastante inesperado, y la canción doble “Iker me debe un café” seguida de “Iker no me debe un café”, en la que intercambiaron sus roles musicales.

“Si nos sale mal, es que es jazz”, decía Ángel, que antes de nada pidió disculpas por el rictus de Clint Eastwood que el sol que tenía de frente le iba a obligar poner. Lo cierto es que el concierto de Gilipojazz, bromas aparte, tuvo momentos instrumentales inverosímiles.

Estos tres madrileños, por mucho que digan, ensayan mucho. Y lo llevan años haciendo. Porque si no, es imposible tocar así esa suerte de funk rock progresivo o jazz punk instrumental o como quiera que se llame lo que hacen.

El SoNna Huesca continuará este sábado con su gira vitivinícola y se instalará en la Bodega Laus del Somontano de Barbastro. Allí habrá una cata organizada por la bodega a las 19 horas, preludio del concierto del senegalés Momi Maiga, previsto a las 21 horas. Virtuoso de la kora, vocalista cautivador y compositor autodidacta. Momi Maiga destaca por su sensibilidad y su capacidad para fusionar influencias del jazz, el flamenco y la música clásica. Nacido en la región de Casamance (sur de Senegal), pertenece a la reconocida familia Cissokho de griots. En el escenario estará acompañado del percusionista Aleix Tobias, y del violonchelista Marçal Ayats y le violinista Carlos Monfort.
El fin de semana lo cierra el domingo en la ermita de San Medardo de Benabarre el mallorquín Joan Miquel Oliver.
Joan Miquel Oliver es miembro fundador de la banda Antonia Font, en la que participa como guitarrista, compositor y letrista de sus temas y principal productor, ya que Oliver alterna su trabajo como músico con la publicación de obras literarias en las que combina la novela, el género en el que es más prolífico, poesía y teatro. Como músico en solitario ha publicado siete álbumes desde Surfistes en càmera lenta (2005) hasta Electronic Devices (2023). Por el camino llegaron Bombón Mallorquín (2009), Pegasus (2015), Atlantis (2017), Elektra (2018) y Aventures de la nota La (2020).



