Foto: campos de El Pueyo de Araguás, este pasado mayo. Sobrarbe Digital.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 11, 25-30 por Juan Diego Tamayo, párroco de Boltaña, para este domingo 6 de julio de 2014.

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

— Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Palabra del Señor.

No tenemos que salvar el mundo, ya Jesús lo hizo. Pero si tenemos la misión de comunicarle al mundo que ya ¡Está Salvado! Y para eso tenemos que saber darle gracias a ÉL por todo su amor. Y hoy Jesús le está dando gracias al Padre por estos apóstoles suyos, que van a abandonarlo al primer instante de la gran prueba, el da gracias y los ama porque sabe que están con Él, aun con la seguridad de la traición de Judas, la negación de Pedro y la huida en desbandada para esconderse de su misión, el da Gracias porque espera luego de todo esto una mejor reacción por parte de la mayoría.

Hay que dar gracias, hay que vivir agradecidos, hay que sentir esa gratitud en el corazón por todo lo que nos rodea.

Pero como darle gracias a un futbolista que no puso todo en la cancha?, como despreciarlo sabiendo que se hizo presente en ella, si las heridas de la pérdida de un mundial apenas cicatrizan y los temores de ver al mejor equipo por el suelo nos inundan?. Aquí viene el lío, difícil de entender por estos días, Jesús le dice al Padre – Dios que lo más importante para Él, no es el resultado de un partido de futbol, sino lo Grande que hace a los pequeños en el mundo.

Y como no odiar a ese padre que se separó de esa madre sabiendo que le dio la vida a unos hijos?, como amar a ese padre que maltrata a esa madre y esposa, si en las noticias los índices de violencia intrafamiliar aumentan pero nunca van a contar que en muchos hogares el perdón a llegado a casa y que Papá no volvió a tocar a mamá ni con el pétalo de una rosa? Y es que el mundo no cree que el Padre – Dios ha movido el corazón de toda la familia que se inclinó ante Él, en oración para solucionar tal o cual dificultad.

Como desconocer al otro por su raza y condición dándonos cuenta de que este proviene de la misma creación y fuente – Dios-? y como reconocer a ese otro como tal, cuando lo único que busca es hacerme daño por el hecho de ser persona diferente a mí? Cuando el Padre nos ha revelado en el Hijo que le conocemos cuando lo vemos a Él, en todo hermano.

Como regañar al niño que está mal en la escuela? Y como felicitarlo cuando su mejor esfuerzo tiene la peor nota en el colegio? Cuando no sabemos que la inteligencia que Jesús quiere para quienes quieren acceder al cielo es la de ese mejor esfuerzo que no necesita tal calificación humana sino la capacidad de llevar el yugo llevadero y la carga ligera del amor.

Como perdonar mis faltas, si las he cometido sin freno ni medida? Como acusarme si soy frágil como lo es el mundo y por ello me cargo de todo lo que el mundo produce? Si olvido y no quiero escuchar que Jesús llama a los que están cansados y agobiados.

La medida es el amor, la respuestas a estás y tantas preguntas, se tienen que dar desde todos los valores que podemos tener cada uno de nosotros, desplazando así todos aquellos defectos que nos hacen jueces, inquisidores o destructores de la humanidad, de nuestra humanidad.

Hoy Jesús no se está riendo de sus apóstoles: los ve sencillos, humildes y mansos aunque otros dirían harapientos, ignorantes e incapaces por aquello que el mundo no sabe ver lo que Jesús ve en quien lo sigue. Y digo que Jesús no se está riendo, porque en ese cuadro emocionante se puede llegar a entender que para seguir a Jesús se le tiene que mostrar todas las incapacidades que tenemos por nuestra condición humana, cuando Jesús lo que está reconociendo en nosotros es el tesoro que hay en nuestras corazones, tesoro que en los sabios y entendidos del mundo no se encuentra porque desplazan todo el potencial en la siembra de valores pasajeros y perecederos.

La medida del amor es la gratitud, la medida de mi juicio hacia los demás, está sometida a nuestra capacidad de perdonar, a nuestra capacidad de reconocer la presencia de Dios en toda la creación, en toda la humanidad…

Hoy Jesús le da gracias al Padre Dios porque conoce unos hombres humildes y sencillos y en ellos ve la disposición a verlo a Él, como el Salvador, como el Mesías, el ungido de Dios…

Feliz semana, Dios los ha creado y los ha salvado, denle gracias porque El, es quien os hace sencillos y humildes, merecedores de toda bendición. Amen.

AUDIO: Juan Diego Tamayo, sacerdote