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Homilía del sacerdote Juan Diego Tamayo, para este domingo 18 de mayo en la iglesia de Boltaña.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

— Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no, os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.

Tomás le dice:

— Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?

Jesús le responde:

— Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.

Felipe le dice:

— Señor, muéstranos al Padre y nos basta.

Jesús le replica:

— Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.

Palabra de Señor

No podemos alegrarnos por la muerte violenta de un hermano, tampoco por el castigo de quienes se equivocan en el acto o en lo que se pueda pensar luego del error, recordemos que el Señor sufre mucho cuando el joven rico no deja sus posesiones para seguirlo, tampoco se alegra cuando toda Jerusalén está de fiesta y lo deja solo en la montaña, ignorando la posibilidad de su Palabra Salvadora, y que decir del momento de su tristeza, – que brota sangre-, cuando en el monte de los olivos se siente impotente y ya ve pronta su muerte de cruz para perdonar a los que “no saben lo que hacen” y justificar al ladrón – también crucificado- que en un segundo se hace bueno.

La Alegría tiene matices de lo que es la eternidad y es capaz de ser sincera, cuando perdona al hermano por tener un pensamiento diferente, la verdadera alegría se conjuga con el Amor y hace posible ese perdón, que acepta el error para cambiar de actitud ante lo reprobable y así ayudar en el camino de la reparación…

Y cual es el camino de la reparación?

En un mundo lleno de fracturas, la reparación se tiene que visualizar desde Jesús en el Evangelio de hoy, que va de camino a la Jerusalén, bueno es la expresión romántica de lo que está por suceder; va de camino a su muerte y quiere preparar a sus discípulos – que posteriormente van a salir en franca huida al estilo de un encierro en la fiesta de San Fermín– y en esa preparación les pide que no lleven su animo a la depresión y al fracaso les pide “que no tiemble su corazón” y hoy para nosotros en estas actuales circunstancias el consejo no es ajeno: debemos estar firmes, debemos actuar con inteligencia.

La propuesta de las soluciones rápidas y sin mucho cerebro abundan y también el fracaso y las demencias. Es el momento de sentarnos al lado del Pensador de Rodas y resolver de una vez por todas el enigma de nuestra vida, que se volverá concluyente cuando nos demos cuenta de que este camino nuestro no tiene otra vía que la que nos propone Jesús, cuando nos dice: — “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto”

AUDIO:

Juan Diego Tamayo, párroco de la iglesia de Boltaña