Por Juan Diego Tamayo, sacerdote de la iglesia de Boltaña.

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

–¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?

Contestaron:

— El primero.

Jesús les dijo:

— Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor, Jesús.

Vivimos girando en torno al sol, y de él podemos a cada segundo, y por la rotación de la tierra ver continuamente una cara distinta de lo que es él, tal movimiento hace que del mismo universo constantemente veamos una cara distinta.

Y si nos plantamos en una noche a mirar en su conjunto el universo para detenernos en la luna llena, nos damos cuenta de la cara distinta que esta nos presenta y si así lo hacemos desde la luna vemos como esta tierra se mueve ante nosotros para – igualmente – durante cada segundo mostrarnos una cara distinta y hermosa.

Más preocupante y seria se vuelve la experiencia, cuando miramos detenidamente y por fotografías consecutivas los cambios que se dan en la naturaleza, y si nos acercamos a nosotros mismos y vemos como hemos cambiado a través de los años, para decir que parece mentira lo que ha pasado en nuestra existencia o en la existencia del bebe que ayer balbuceaba y ahora dice Papá, más nos asombramos.

La existencia está en constante cambio, – San Pablo decía; “la creación gime expectante” – y todo ello lo observamos para en cualquier momento de la misma detenernos y decirle a Dios que tiene muchas caras para nosotros y en dicha acusación la peor experiencia de todas; le decimos “tu si que eres injusto, como permites el mal del mundo”.

¡¡¡Que te parece!!!! paramos todas las caras que el mundo nos presenta, para achacarle a Él, que todo lo puede – para quienes creemos – que todo lo da; la cara más humana, la cara que ni si quiera notamos en un hoyo negro del espacio.

Hermanos; Dios tiene una sola cara, Dios tiene la cara del amor, es Él, El mismo Jesús quien nos da el dato, que responde a nuestra inquietud, el nos da la cara del Padre y lo hace para que nosotros, encontremos claridad en nuestra vida por eso “Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” buscando que nosotros viéramos en nosotros la única cara que no puede cambiarle, ni si quiera a la creatura: La cara del Creador y que tiene un solo reflejo, el del amor.

El odio no tiene cara, la ira no tiene cara, mucho menos la venganza, la pereza no tiene cara, la gula menos, ningún pecado capital permanece, solo el amor permanece y eso es lo que hace posible este Evangelio de hoy, que coloca en los labios de Jesús la única posibilidad de vivir en esta tierra cambiante la felicidad y es la conversión continua.

Debemos buscar que ese cambio constante en nuestra vida, se moldee de tal manera que tome la única cara de Dios, la cara del amor.

Feliz semana para todos.

AUDIO: Juan Diego Tamayo.