Foto: Sobrarbe Digital.

Por Juan Diego Tamayo, párroco de la iglesia de Boltaña. 9 DE NOVIEMBRE DE 2014 – Ciclo A- XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRAN.

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

—Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

— ¿Qué signos nos muestras para obrar así?

Jesús contestó:

—Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Los judíos replicaron:

—Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?

Pero Él, hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor

  • Gloria a Ti, Señor, Jesús.

La Iglesia celebra hoy la dedicación de la Basílica de Letrán, iglesia-madre, catedral de la ciudad de Roma desde el 9 de noviembre del año 324 ; y desde ésta celebración quiere que meditemos en los templos vivos del Espíritu Santo: NOSOTROS, bueno sin vanidad, sin un orgullo que nos aleje del cimiento de este templo vivo: JESUCRISTO.

Debemos, eso si, ir al templo material, vemos un templo que tiene puertas y ventanas, nuestros templos tienen sillas y bancas, tiene un piso que, gracias a los fieles, siempre está aseado y renovado, tenemos además un lugar más alto que hace posible que se vea mejor a Jesús cuando es elevado hacia el Padre, hay una mesa, esa mesa es fija y está dispuesta para hacer de altar y sacrificio, se da también que tenga una sede para que se siente el rey, Jesucristo en el otro Cristo…

En ese templo siempre está Jesucristo, el lugar donde el gran anfitrión siempre se ubica se llama Sagrario y siempre en cualquier templo se ve más porque es el que siempre tiene una luz encendida y además por que los fieles de buena voluntad se encuentran allí de rodillas en oración y adoración. El templo además como adorno y motivo de culto tiene otras imágenes, lampararios. En el templo hay confesionario, otras capillas, coro y otras cosas que se dan por la necesidades del lugar, la propuesta del templo, etc. Los católicos tenemos templos, en su mayoría bien dispuestos para el Señor… y como lo propone el concilio: nuestros templos siempre tienen la imagen de Jesús y a su lado la imagen de la Madre – María, nuestra Madre.  Se dice en la propuesta que ojala no hubiesen más imágenes – habría que pensar en un museo para las demás, pero la Iglesia avanza en todo esto – , el caso es que María siempre mira a Jesús y en el templo lo que se quiere es eso, que nosotros siempre miremos a Jesús que es el que nos Salva.

Al lado de esta celebración debemos mirar el templo que Jesús realmente quiere que contemplemos, sin descuidar el lugar del santo, claro está… es nuestro templo, es este edificio que tiene mucho, pero mucho más de templo; porque es fiel imagen del templo – Jesucristo, Él, quiere que lo contemplemos y que lo hagamos desde el mandamiento del amor, santuario que desde toda eternidad fue cimentado en Jesucristo, desde toda eternidad fue planeado y por puro amor.

La puerta – Jesucristo, el altar – Jesucristo, el Sagrario – Jesucristo, etc. todo nuestro ser Jesucristo y en El, La Palabra, escrita desde el testimonio del mismo Jesucristo, que se hizo templo en esta tierra para indicarnos lo importante que somos.

Pues ese templo vive y tiene que tener vida en nosotros para que los hombres lo contemplen y vean la Gracia de Dios que salva en nosotros, la gran disposición, siempre sería: nuestro templo aseado por la confesión, adornado por la gracia de los sacramentos, este templo tiene que ser morada de los otros santos y para ello la luz encendida del perdón y la reconciliación, este templo tiene ventanas que dejan entrar todas las bendiciones que son luz encendida para nuestra alma y para las almas que llegan a ver a Jesús presente en nuestras vidas, este templo siempre está abierto a la Palabra, que se hace dialogo y que siempre habla del que está más alto que nosotros y que es nuestro cimiento y altar, nuestro motivo y bendición: Jesucristo.

AUDIO: Juan Diego Tamayo.